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notas de la pradera

Celebración de la fantasía

Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca del Cuzco. Yo me había desprendido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la lapicera que tenía, porque la estaba usando en no sé qué aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano.
Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitos cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado; Había quien quería un cóndor, y quien una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas, y no faltaban los que pedían un fantasma o un dragón.
Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba más de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en la muñeca;
- Me lo mandó un tío mío que vive en Lima - dijo.
-¿Y anda bien? - le pregunté.
Atrasa un poco - reconoció.

Eduardo Galeano
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3 comentarios

alejam -

QUE LINDO!!! ME ENCANTARIA ESTAR EN ESE MOMENTO , TE VEO SENTADO EN EL CORDON DE LA VEREDA DIBUJANDO LAS MANITOS DE LOS NIÑOS QUE TIERNO.. TE FELICITO AL MENOS POR UN RATO CON UN PEQUEÑO GESTO FUERON FELICES BESOS

CLAUDIA -

la verdad buena lectura de comprension

paola -

me gustó
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