desconstrucciones
arenas como cama
de un futuro hogar
donde dormir
luego de trabajar,
previo al helicoidal
y eterno trabajo
arenas como cama
de un futuro hogar
donde dormir
luego de trabajar,
previo al helicoidal
y eterno trabajo
oscurece en la cara
herméticos ojos que no dejan
entrar la luz del sol y
salir ni una luz de las estrellas
se instala, arremete
en la fantasías más creíbles
donde al borde de un océano
el mar es solo agua,
césped en un patio trasero
la pesca prohibida
habilita cárceles de hilo
cuando la espera atrape
por fín los peces y
sea bra sea mar sea
el corral de los desesperados
partida el agua
deja espuma, ondas,lejanía
grises tonales
una lluvia triste
mi sal, la ida.
soporta al animal
que confunde la niñez
con trabajo, mezcla
de sonrisas y arena
escuela y fracasos
el fuego hace adios
últimos repiques y pianos y chicos
vacías las botellas, por la sangre
el vino y la cerveza
dando el color de una raza
a nuestra más real de las fiestas
antes de salir
se toman una, dos,
las necesarias
viendose en pantalla
tecnocalor a distancia
la llama de un bar
en la garganta
por isla de flores
islas de ritmo y
color de las flores
ya ni negros ni blancos
ni grises uruguayos
por lo menos este viernes
día de las llamadas
se templan las lonjas
hojas de diario, calientan
el cuero y las manos
el color del nerviosismo
cha cha cha, cha chá
escenas montevideanas, pero de febrero
se apronta la comparsa, ya salen los tambores
-es la última vez, me dijiste -con aire de confesión.
-la verdad, es que no sé como controlarlo, como olvidar, como salir
-¿que es la vida, sino una eterna carrera hacia la muerte?- sonríes y sentencias.
-hay quienes la transitan más deprisa, otros despacio -con cautela, afirmas.
-tal vez, pero siento mi sangre estancándose
fría, aburrida de la misma música,
iguales latidos.
-sino no existiera el deseo habría que inventarlo- me rió, mientras cambias
mis terminales sábanas blancas.
la edad de las rosas
botón, pinpo-yo y mi abertura
deshojarse antes del fruto
que se arruga sin-con-descendencia
la edad de los rosales
estaca, brotes y enrra-iza-miento
tortuoso camino, amputado de tijeras
se insinúa como techo de una glorieta
las edades paralelas
la marcada experiencia, la inocencia diaria
tu voz, tus ideas y tu arte
clavándose en mí, como espinas.
Ser parte del conclave que se desarrollaba puertas afuera
rodeado de otoñal parque, la botella a media asta de un rosado agrio,
una bolsa de nylon arrugada oficia de mantel
en improvisado picnic de asado frío.
Sumerjo la cámara dentro de ese triángulo equilátero,
de las bermudas, de lo que fuere
impunemente con mi pausada charla,
les quito un poco de su cotidiana luz y sombra, yo...
el coleccionista de almas.
masticas saliva,
que drena azul de alcohol
un hijo emigra/escapa
de tu pasado, su presente
y destinos enterrados
panadero una vez fuiste
harina de otro costal
ahora eres
vivo y no conciente
coma emocional, como se respira
en el aire social, público y empresario
la sangre se oxigena de vacíos
y por las venas corren sin pausa los deseos
aquellos materiales, de ser alguien
donde apoyar lo vestido
en círculo redondo el corazón bombea
en espasmódico latir, olvida alimentar
las ganas, el porque de haber nacido
El hombre de la calle
atraviesa el temporal,
porfiado, de sombrero
encorvado al caminar
Se para frente a un quiosco
lo distrae un titular
y sigue como siempre
como todo en la ciudad
No me hablen más de él
no me hablen más por él
que yo lo veo en cada esquina
y lo escucho en el café
El hombre de la calle
dice no te aguanto más
en medio del discurso
corre bruscamente el dial
Él sabe que a ese hombre
nunca lo vera en su hogar
ni el vino ni la mesa
junto a él compartirá
No me hablen más...
El hombre de la calle
sigue yendo a trabajar,
porfiado, de sombrero
más allá de un temporal
A veces compra un diario,
se lo lleva para ojear
las fotos del partido
en la página de atrás
No me hablen más...
de Jaime Roos (compositor - músico popular- productor artístico uruguayo)
de las manos
de las uñas
del cigarro
del frío, el hambre, la insolvencia, la intemperie, la soledad, la más segura indiferencia
la nuestra
el aire de los precipicios
fundamenta la elección,
lo hacemos denso o leve
según cuanto de abierto
tengamos las manos.
uno más
plasma de la ciudad
articulado engranaje
móvil hacia ningun lugar
popular marcha, sin retorno
muy singular, propia
de la especie
de mí
uno más